En 2017, Álvaro Sierra, en 53 días, perdió a su hermano y a su hijo en dos absurdos accidentes.

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Álvaro Sierra caminaba por el centro de Sogamoso, Boyacá. Su teléfono celular sonó; era su hermana Carmen, que vive en Cota, Cundinamarca. Mientras hablaba con ella le entró otra llamada; pero no contestó. Era Ricardo Mesa, el técnico de los juveniles del equipo Boyacá es para vivirla. Mesa insistió, pero el campeón de la Vuelta a Colombia de 1991 no le puso cuidado. 

Dos veces más Ricardo volvió a marcarle, algo que finalmente atrajo la atención de Sierra, que le colgó a su hermana, para saber el porqué de la reiteración.

“Ricardo, hola, ¿qué pasó?”, le peguntó el exciclista. Mesa, nervioso, casi sin dejarlo terminar el interrogante, le contestó: “No fue mi culpa. Álvaro, no tengo la culpa”.

Sierra se preocupó más, porque al otro lado del teléfono hablaba un hombre desesperado, nervioso, a quien se le entrecortaba la voz, muy angustiado.

“Pero, ¿qué pasa, Ricardo?”, preguntó un Álvaro asustado, a quien el corazón se le aceleró.

“Fue un accidente, tuvo un accidente”, le contestó el DT. Sierra pensó en Cristian, su hijo, quien en la mañana había cogido su bicicleta para salir a entrenar.

“¿Qué pasó con mi hijo?”, indagó. “Es que Cristian se murió”, respondió un Ricardo Mesa devastado que no pudo contener el llanto y le contó a su amigo y excompañero de aventuras en el ciclismo boyacense lo que había pasado, señalándole el sitio exacto del accidente.

Álvaro quedó estático, no supo qué hacer, no pronunció palabra. Colgó el teléfono, cogió el primer taxi que se la atravesó y se dirigió a su almacén de bicicletas.

Pagó la carrera, entró rápido, se encontró con su primo, Édgar, quien le ayuda en el negocio, y le dio la orden de cerrar; había que irse rápido al lugar.

Cuando llegaron encontraron a Cristian a un lado de la vía entre Sogamoso y Duitama, encima de una alcantarilla. Álvaro se bajó del carro y corrió, se paró cerca del cuerpo sin vida de su hijo; estaba impactado, lloró, en un momento que no quiere volver a recordar pero que a diario le pasa por su mente.

A las ocho de la mañana de ese 7 de septiembre del 2017, Cristian Andrés Sierra Molano se montó en su bicicleta; la práctica tenía como objetivo hacer kilómetros para el Clásico RCN. Se encontró en la ruta con sus compañeros, y a ellos se unió Mesa. La parte final del entreno practicaron embalajes.

En el tercer pique de Cristian, el joven de 23 años perdió el control de la bicicleta, se salió de la vía y se estrelló contra la alcantarilla; lo auxiliaron, pero no respondió. El ciclista en proyección murió de asfixia mecánica, según la necropsia. “Nosotros pensamos que se había reventado con el impacto, pero el resultado no fue eso; quedó sin aire, no lo reanimaron”, comentó Álvaro, sentado al frente de las bicicletas que vende en su negocio en Sogamoso. Su voz se le corta, toma el vaso de agua que le pasó su hija, Nicole, mientras su otro hijo, Fabián, atiende el negocio